¿Cómo comprender el papel que tiene la emoción de la rabia en nuestra vida? Cuando nos enfurecemos ¿es siempre auténtica esa emoción?

En un post anterior hablábamos del papel de las emociones en la psicoterapia y de nuestra manera de enfocar su intervención. En esta publicación nos queremos detener en una de las emociones básicas cuyo aprendizaje social es muchas veces distorsionado: la rabia.

Como la tristeza, el miedo y la alegría, la rabia es una emoción básica cuya función es la protección y defensa de la propia integridad o la de nuestros allegados, así como de nuestros bienes (materiales y no materiales, como creencias y valores).

La rabia nos prepara ante situaciones que signifiquen ofensa, desprecio o injusticia y está marcadamente presente en todas las especies emocionales por su utilidad adaptativa y de supervivencia.

Sin embargo, la rabia es de las emociones peor vistas ya que muchas veces podemos asociarla con la agresividad y la violencia. No obstante, si la rabia tiene una expresión regulada y socializada puede expresarse de forma efectiva sin agresividad: haciendo peticiones al otro y poniendo límites con asertividad.

Su utilidad biológica es pues indiscutible, y es sano sentirla (cuando es auténtica) e insano no sentirla nunca. Pero también nos tiene que llamar la atención cuando sentimos rabia de forma muy frecuente. Cuando la rabia es una emoción que nos acompaña siempre y vivimos en el enfado, es probable que se esté manifestando de forma parásita.

¿Cómo llegamos a aprender la rabia de forma sana o insana?

Desde niños aprendemos a reconocer y expresar nuestras emociones. En el contexto familiar y social aprendemos qué expresiones emocionales son toleradas, premiadas, prohibidas o ignoradas. Y lo aprendemos oyendo una y otra vez afirmaciones como «los hombres no lloran» o «qué niña tan buena que no se enfada nunca».

En base a este aprendizaje emocional inicial nuestras emociones serán auténticas, prohibidas o parásitas:

  • Emoción auténtica: es la emoción que se expresa de forma sana y socializada, de forma proporcional con la intensidad del estímulo que la provoca.

  • Emoción prohibida: cuando una emoción no se puede o no se permite expresar, porque se ha aprendido que no es apropiada o su expresión ha sido contraproducente en el pasado.

  • Emoción parásita: cuando no nos permitimos la expresión sana de una emoción, la energía emocional puede desviarse hacia otra emoción, qué sí hemos aprendido que está permitida. Entonces esa emoción «permitida» se vuelve nuestra «emoción parásita», y suele ser la que más sentimos y expresamos.

Así, por ejemplo, los niños que han crecido en un entorno en el que se les repetía que no lloraran, porque no era propio de «hombres» (sé fuerte!), tenderán a tener prohibida la emoción de la tristeza, y será probable que se expresen más con el enfado y la rabia (de forma parásita).

Rabia sana y rabia parásita

Para empezar a comprender cómo está presente la emoción de la rabia en nuestra vida, es útil diferenciar bien la rabia sana de la rabia parásita:

La rabia sana o auténtica:

  • Responde a un daño directo y claro del presente (sin necesidad de leer intenciones ocultas) que yo no he instigado.

  • Es diferente de la frustración, que se da al no cumplirse mis expectativas.

  • Es diferente a la negativa del otro a complacerme.

  • Va hacia una persona concreta por una actuación concreta, no hacia un tipo de personas o respecto a suposiciones globales.

  • Tiene como finalidad acabar con el daño que me están causando.

La rabia parásita:

  • Suele ser repetitiva y frecuente.

  • No responde a un daño presente de una persona concreta, o el daño se interpreta a partir de la lectura de pensamiento del otro.

  • Tiene como finalidad manipular al otro (que se sienta culpable o atemorizado, lograr que haga algo que no quiere hacer, etc.) o lograr sentimientos desagradables que confirman las creencias parásitas (soy una Víctima, los demás no son honestos, o buenos, etc.).

  • Sustituye a otra emoción o sentimiento «prohibido».

Si hemos detectado que nos expresamos con rabia parásita en algunas ocasiones, una buena reflexión es preguntarse ¿a qué emoción está sustituyendo? ¿cómo podría expresar lo que siento y pienso de forma más sana y beneficiosa para mí?

Referencias bibliográficas: «Terapia basada en la Inteligencia emocional» Nathalie P. Lizeretti

Photo by Dasha Yukhymyuk on Unsplash

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