Hace unos días, leí con gran inquietud que en un centro educativo prohibieron varios libros tradicionales por considerarlos sexistas.

“Prohibieron libros” me estremeció. Libros censurados, quemados o prohibidos a lo largo de la historia han sido muchos. Las ideas que incitaron a esta destrucción del conocimiento fueron muy autoritarias. Por lo tanto, ¿qué ideas se están colando en las aulas?

Antes de nada, el titular que leí puede ser sensacionalista. Así pues, me pregunto si se eliminaron esos libros de la biblioteca escolar (cual quema de libros simbólica), o si quedaron simplemente desterrados a alguna estantería (condenados al olvido) fuera de la lista de lecturas recomendadas. 

En cualquier caso, me preocupa la decisión de no incluir los cuentos por contener aspectos sexistas. Pues, ¿quién está libre de comportamientos sexistas? Y, ¿por qué no reconocer el sexismo y tomar consciencia cuando éste aparece? Desde luego, esta última opción la considero mucho más educativa que censurar cuentos que nos han acompañado generaciones.

Por este motivo, quiero aprovechar este caso para compartir algunas reflexiones sobre el aprendizaje a través de los cuentos. 

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Nuestra realidad es como es; no como nos gustaría que fuera. Somos lo que nos gusta y lo que no. Nuestras sombras y nuestras luces. Añadiría, incluso, que esconder las sombras, las alimenta. De hecho, las vuelve escondite de monstruos, fantasmas y tabúes.

Los cuentos tradicionales suelen marcar mucho la diferencia entre las sombras y las luces. Exageradamente. Los personajes se extreman y caricaturizan. La realidad es más compleja, por supuesto. Las mujeres y los hombres no son como los describen los cuentos, ni lo son las princesas ni los piratas. Sin embargo, sí son así nuestras ideas sobre ellos. Y sí, muchas son sexistas. Pero, sólo a partir de identificar nuestras creencias podemos cuestionarlas. 

En la infancia, los personajes ayudan a entender el mundo. La diferenciación categórica entre lo bueno y malo puede ser una buena brújula respecto a algunos valores importantes en nuestra sociedad. Reflexionar sobre la complejidad de la gama de los grises puede hacerse con más claridad cuando conocemos la luz y la sombra. Entre nuestra idea de lo que significa ser hombre o mujer, hay todo un abanico de posibilidades. Los personajes de los cuentos son sólo algunos con nítidos colores.

Las historias tradicionales, como las canciones populares o los bailes, contienen una gran sabiduría de generaciones. Contienen también valores diferentes, que pueden chocar con los valores de las nuevas generaciones.

Se puede aprender de nuestros abuelos y abuelas o padres y madres, sin estar de acuerdo en todo lo que nos enseñan. No por ello, hemos de censurar TODO lo que nos dicen. Es más interesante aprender a escuchar y a desarrollar el criterio de decidir con qué nos quedamos para nuestro aprendizaje.

Existen muchos libros que educan en el feminismo, que hablan de ecología y sostenibilidad, que nos hablan de convivencia y de comunicación democrática en la familia. ¡Bienvenidos sean a la biblioteca! Estos libros no sustituyen al conocimiento aportado por los otros: suman.

Por un lado, tener variedad posibilita que más niños y niñas se acerquen a la lectura. Acepta que vienen de realidades diferentes, y algunos conectarán más con Caperucita y otros con una astronauta en la luna.

Por otro lado: ¡es importante aprender a analizar y a crear! Por supuesto, si no nos gusta una historia por los valores que transmite podemos cambiarla. Podemos reescribirla, podemos reflexionar sobre ella, podemos descubrir nuestras propias creencias e identificarlas… Prohibir una lectura porque no es de acuerdo a nuestros valores nos roba la oportunidad de desarrollar nuestro pensamiento crítico y nuestra creatividad.

Leer sobre otras formas de pensar nos ayuda a desarrollar una mayor comprensión de otros pensamientos y tradiciones, así como nuestra tolerancia hacia la diversidad y pensamiento crítico.

Este apartado es especialmente importante en la época de las redes sociales, donde los algoritmos se encargan de relacionarnos con personas con las que compartimos mucha similitud y pocas diferencias socio-culturales.

Pues, ¿no es apasionante leer cuentos e historias de otras culturas, pese a no compartir los mismos valores?

Por lo tanto, considero que los cuentos nos pueden enseñar a aceptar lo que somos, aprender de lo que fuimos, dirigirnos a lo que queremos ser, comprender a otros y convivir y, por supuesto, a amar la lectura.

Relacionado con esto último: ¿es coherente prohibir libros cuando es clave ingeniar nuevas formas de fomentar la lectura? Me parece una estrategia educativa muy desacertada. Nadie rebatirá la importancia que tiene la lectura en el aprendizaje académico y los esfuerzos que supone fomentarla.

Cabe añadir que los valores y prácticas nuevas no tienen porqué ser beneficiosas. Subirnos al carro de lo nuevo sin reflexionar lo que dejamos atrás puede tener un gran riesgo.

Es por ello que reivindico leer, sea libros sexistas o feministas, pero leer. Leer para no estar expuestos a pantallas todo el tiempo. Leer para entrenar la atención sostenida y una imaginación activa. Leer para descubrir lo que gusta y lo que no. Leer para poder debatir con criterio sobre la lectura.

En conclusión, no es sencillo encontrar alternativas al fútbol, al reggaetón, al móvil o a las redes sociales. Pero prohibir suele ser la última estrategia menos útil cuando queremos que una persona no haga algo. Lógicamente, ofrecer alternativas, unos límites claros y pactados suele ser más enriquecedor.

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