Las emociones son instintivas y de tipo adaptativo, es decir, nos permiten adaptarnos al entorno y aprender de las experiencias que vivimos. Según numerosas investigaciones psicológicas se ha determinado que las emociones básicas son seis: alegría, tristeza, miedo, asco, ira y sorpresa. Cada una de ella cumple una función importante para nuestra supervivencia y desarrollo.

Ser capaz de identificar y expresar nuestras emociones ante los acontecimientos que vivimos a lo largo de nuestra vida es vital para poder gozar de equilibrio emocional y físico. Las emociones no pueden ser negadas ni evitadas, cada situación de la vida genera una emoción y esta emoción nos ayuda a analizar la situación y sentirla como agradable o desagradable.  Es importante poder pensar que sentir, tener sentimientos y expresarlos no es una muestra de debilidad, cómo frecuentemente se piensa, sino un signo de salud y autoconocimiento.

El término «analfabetismo emocional»  hace referencia a la dificultad para aquellas personas que, aunque sienten como todo el mundo, no saben ni qué sienten, ni por qué lo sienten. Por tanto, están  desconectadas de sus emociones auténticas.

Los síntomas de analfabetismo emocional son múltiples y tienen un gran coste sobre nuestra mente y nuestro cuerpo ya que genera infinidad de síntomas: estrés, ansiedad, depresión, adicciones, enfermedades diversas como migraña, tensión alta, cardiopatías, etc.

Por todo esto es necesario que comprendamos la gran necesidad de educarnos y entrenarnos en habilidades emocionales que nos hagan más conscientes y capaces de manejar nuestras emociones.

Método de rastreo

Thomas y Harris en su libro «Para estar siempre bien» describen este método como una manera eficaz de entrenarnos en la capacidad de conocer nuestros sentimientos y expresarlos.

1. Darse cuenta: en nuestra cultura se tiende de forma generalizada a negar los sentimientos. Es importante, cuando estamos viviendo una situación estresante o difícil darnos cuenta de que esta situación nos está generando una serie de emociones a las que tenemos que escuchar y atender, pues negándolas nos dañamos a nosotros mismos.

2. Identificar el sentimiento: dándole incluso un nombre para clarificarlo de forma total. A veces podemos sentirnos confusos ante los sentimientos que tenemos, confundir la ira con la tristeza, o la tristeza con el miedo. Cuanto más nos entrenemos en este paso menos nos costará identificar lo que sentimos.

3. Recapacitar: sobre los motivos que han desencadenado el sentimiento. Que hechos, evocaciones, etc. están conectados con él.

4. Opciones y alternativas: en ocasiones pensamos que nada se puede hacer, sin embargo, siempre existen posibilidades de acción ante el sentimiento que en el aquí y ahora nos está afectando.

5. Prevención y alternativas de futuro: frecuentemente los mismos hechos ocurren repetidamente y del mismo modo. Una buena pregunta para un plan de futuro es ¿qué otra cosa puedo hacer yo la próxima vez?

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