Imagen cedida por Mònica Martínez, de la celebración guiada del ritual de los 40 (Wandolf)

La Comunicación No Violenta tiene un gran potencial transformador de las relaciones familiares y de pareja. A pesar de haber crecido en un hogar donde la violencia estuvo presente, podemos aprender, mediante diversas técnicas, a aceptarla, comprenderla y transformarla.

La Comunicación No Violenta resulta muy eficaz en terapia para mejorar la comunicación. Su principal contribución es que nos ofrece una práctica para cultivar la empatía y la comprensión. En otras palabras: nos ofrece una serie de estrategias alternativas a la violencia. Esto nos ayuda a descubrir caminos para gestionar y resolver conflictos, manteniendo y fortaleciendo los vínculos y las relaciones entre las personas. 

En la mayoría de ocasiones, he podido comprobar que las conductas violentas son fruto de no conocer mejores estrategias para conseguir aquello que necesitamos. De hecho, normalmente, se trata de conductas que no sólo nos alejan de conseguir aquello que más necesitamos, sino que también nos alejan de nuestros seres queridos. Por lo tanto, son fuente de sufrimiento y repercuten negativamente en el bienestar propio y de las personas que nos rodean.

Aunque parezca contraintuitivo, las mayores conductas violentas suelen desarrollarse en la familia y la pareja. Es decir, en aquellas personas que más queremos. Aquellas personas que queremos apoyar y cuidar, así como que nos apoyen y cuiden. Esto puede romper la confianza y descuidar los vínculos que necesitamos para desarrollarnos de manera saludable. 

Por eso es tan importante poder identificar las dinámicas violentas que se dan en nuestra familia; para tomar consciencia y aprender otras estrategias no violentas. La práctica de la Comunicación No Violenta nos entrena en la toma de consciencia de nuestros pensamientos, sentimientos y necesidades, en la aceptación de lo que está presente, en la comprensión y en la empatía (hacia uno mismo y hacia los demás).

Cabe añadir que las dinámicas violentas no tienen porqué ser violencia física. De hecho, la mayoría de las veces, son expresiones verbales violentas. Por ejemplo, pueden tratarse de exigencias (“tú, como mi pareja deberías hacer esto” o “no seas tan egoísta”), desconocimiento sobre cómo pedir lo que necesitamos, falta de regulación o expresión emocional (de algunas emociones, como la rabia).

A lo largo de las generaciones, hemos aprendido de nuestros familiares sobre estas dinámicas. Nos guste o no, las repetiremos, a no ser que aprendamos algunas nuevas. La terapia puede ser una guía útil para re-aprender.

En Viartis, trabajamos con la Comunicación No Violenta porque hemos comprobado su capacidad de transformación en la vida cotidiana. Cultivar la comprensión de lo que sentimos y necesitamos, así como los sentimientos y necesidades de otras personas nos ayuda a vivir con una mayor conexión y empatía. Esto fortalece las relaciones, convirtiéndolas en apoyos de confianza, sustento que nos ayuda a desarrollar nuestro propio potencial. 

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